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Josefina: Tenemos el primer lugar en inseguridad, corrupción y feminicidios
mayo 1, 2017
DECLARACIONES PATRIMONIALES
mayo 1, 2017

Cogito Ergo Sum

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El consenso general con respecto al primer debate entre los candidatos a la gubernatura del Estado de México es que no decepcionó en cuanto a mediocridad y argumentos ad hominem, y que quedó tremendamente escueto en cuanto a propuestas realistas y bien aterrizadas se refiere.

DOBLE FILO

Cogito Ergo Sum


Cogito Ergo Sum
Por: Héctor Castañeda
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El consenso general con respecto al primer debate entre los candidatos a la gubernatura del Estado de México es que no decepcionó en cuanto a mediocridad y argumentos ad hominem, y que quedó tremendamente escueto en cuanto a propuestas realistas y bien aterrizadas se refiere.

Por supuesto, comparto dicha determinación. Más aún, me confieso enfadado de sobremanera, por haber presenciado un circo mediático de dimes y diretes una vez más.

Y es que dice el viejo adagio que “el horno no está para bollos”. El Estado de México es la entidad más poblada del país, pero también la que mayores problemáticas tiene.

Primer lugar en feminicidios, corrupción e inseguridad en una entidad cuyo nombre debería pasar a ser “Estado de Emergencia”. Casi 100 años de gobierno priísta, lejos de cumplir su trabajo y solucionar esas problemáticas, ha sido partícipe del empeoramiento de las mismas.

Con una situación así de apremiante, el sentido común indicaría que, habiendo tantos candidatos que buscan gobernar la entidad, y en una oportunidad para exponer propuestas y dejar de lado los ataques personales –pues para eso ya tienen Twitter y actos públicos de campaña–, los candidatos aprovecharían para demostrar meses de preparación.

Y esto fue lo que pasó.

Teresa Castell, candidata independiente, desaprovechó una oportunidad dorada para darse a conocer, y en su lugar se dedicó a leer su acordeón y atacar a los demás candidatos, para después terminar con la frase “vota independiente” metida con calzador en su discurso. Todas sus intervenciones fueron con esa misma fórmula. Ello es sumamente grave porque la situación política de México es ideal para la génesis de candidatos independientes de peso. Los partidos políticos dejaron hace mucho de representar a la ciudadanía, para servir a intereses internos. Un candidato sin colores y sin más lealtad que deber que a la gente debería ser uno cuyas propuestas y elocuencia guíen al voto que sea detonante de un cambio. Es evidente que Castell no está a la altura requerida.

El priísta Alfredo del Mazo Maza dio más la impresión de ser un autómata que un ser humano. Parecía tremendamente obvio que había puesto un rigor sobrehumano en memorizar su discurso, algo muy notorio entre los políticos priístas. Se vio un Alfredo del Mazo muy tibio, casi indefenso ante los ataques que llovían de absolutamente todos sus adversarios políticos. Su participación más relevante podría ser la de poner cámaras de vigilancia en el transporte público, así de poco impactantes fueron sus propuestas.

Josefina Vázquez Mota pasó la mayor parte de su tiempo, al igual que Delfina Gómez, hablando de la corrupción. Su experiencia en debates se notó en el sentido de que no parecía demostrar emoción alguna al momento de hablar. No obstante, pasó sin pena ni gloria. Quizá su momento más importante fue el revelar información del descuento que Delfina Gómez hacía a los empleados del ayuntamiento de Texcoco cuando era alcaldesa. De ahí en fuera, no aportó nada.

A propósito de Delfina, resulta interesante ver cómo no se defendió de dicha acusación, y cómo al día siguiente admitió en cierta forma que le cobraba el 10% de su salario –un literal diezmo– a los trabajadores, bajo el pretexto de que eran contribuciones voluntarias. No sé ustedes, pero yo no le daría el 10% de mi salario a absolutamente ningún partido político. En cuanto al debate, sus ataques se centraron principalmente en el gobierno priísta y los daños que ha ocasionado, eso en los escasos momentos en los que hablaba correctamente. Aún hoy me cuesta creer como alguien que presume tener un posgrado puede experimentar tan notable dificultad en evitar vicios del lenguaje como “super requetebién” y en poner una palabra después de la otra. Tristemente, eso dice mucho de la educación general que tenemos en México. Si un candidato a la gubernatura de la entidad con el segundo PIB más alto del país no puede hilar claramente una idea, ya no digamos un silogismo, sus acciones bien podrían carecer de la claridad más elemental.

Juan Zepeda, pese a ser el candidato más preparado y coherente en mi opinión, no resistió la tentación de meterse a los ataques personales y descalificaciones. No sólo eso, sino que también se dedicó a usar el discurso ya muy gastado de poner Neza como ejemplo de que es un buen gobernante. Sí, estadísticamente mejoró mucho ciudad Nezahualcóyotl, la misma gente lo dice, pero lo que nos importa al resto es saber cómo va a repetir exitosamente la fórmula en el Estado de México. Necesitamos más detalle si es que espera subir su porcentaje de preferencias.

Por último, Óscar González, con un lenguaje corporal bastante altanero, se dedicó a descalificar a sus adversarios, al igual que todos los demás. No escuché una sola propuesta detallada de él, y pareciera que su discurso era tan estándar que estaba condenado al olvido, salvo cuando arrojaba falsedades como la de la gasolina más cara del mundo, la cual se desmintió en este mismo portal. No se veía un ánimo de subir las preferencias, era como si ya se hubiese dado por vencido.

En conclusión, si hubiese querido presenciar un pleito de vecindad, hubiese visitado una. El Estado de México no tiene tiempo ni aguante para ser botín político de nadie, ni del PRI, ni del PAN ni de Morena, ni de nadie. La situación es bastante dramática de por sí como para soportar que unos cuantos políticos se lancen descalificaciones por encima de nosotros. Nos toca la parte más esencial de un cambio político tan necesario: un cambio de mentalidad, y el exigir mejores candidatos, gente que traiga propuestas y estrategias concienzudamente trazadas, no eslogan de campaña y palabras mal pronunciadas.

Mientras tanto, tendremos a uno de ellos seis años más.


 

 

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