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Cogito Ergo Sum

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En el momento en que el partidismo y las filias políticas obnubilan el profesionalismo, la autoridad intelectual cae en saco roto.

DOBLE FILO

Cogito Ergo Sum


Por: Héctor Castañeda






John Ackerman: Magister Dixit
En el momento en que el partidismo y las filias políticas obnubilan el profesionalismo, la autoridad intelectual cae en saco roto.


Magister Dixit es una locución latina que indica una falacia a la que nos vemos muy sometidos a menudo, tristemente, con una abundancia apabullante en el ámbito académico. Dicha falacia consiste en tomar un argumento como cierto, únicamente porque el artífice del mismo, o la persona citada en el argumento es una autoridad en la materia. Dicho de otro modo:



En esta intervención no me dedicaré a decir que Ackerman miente en sus postulados –hay que decirlo con todas sus letras, las pasadas elecciones fueron, por decir lo menos, una mentada de madre a la democracia y a los mexicanos–, pero hay que decir las cosas como son: Ackerman es el ejemplo perfecto de cómo no ser un intelectual. Y si algunas personas pueden argumentar (con un dejo de razón) que esta columna es otra falacia llamada ad hominem, puedo contestar que no puede ser del todo cierto cuando mi argumento es John Ackerman por sí mismo.

En el momento en que el partidismo y las filias políticas obnubilan el profesionalismo, la autoridad intelectual cae en saco roto. En nada se distingue un tuit del doctor en derecho de un comentario aleatorio en Facebook típico de “Criticas a AMLO porque eres un pinche palero del PRIANRD, ve por tu torta y tu frutsi, peñabot”. Sólo lo separan, al parecer, dos doctorados y media docena de libros de derecho electoral.

Siempre, siempre he sostenido lo mismo: se pueden y se deben tener convicciones personales y defenderlas en lo personal, pero como académico se debe tener la ética humanista necesaria para ser objetivo. Si eso implica darle la razón en algún momento al PRI-gobierno, ni modo, es un mal día, ya habrá otro mejor. Un académico, un universitario más que nadie debe tener la suficiente cabeza para, si la situación lo amerita –y vaya que lo ha ameritado– criticar aquello que sigue. No seguir una agenda por miedo al escarnio social.

Hay que recordar la encuesta apócrifa que difundió, supuestamente de Mitofsky, donde le daba la victoria a Delfina Gómez; y que, cuando fue desmentido por la misma encuestadora presidida por el periodista Roy Campos, rebatió diciendo que él tenía otras fuentes. Vaya que su encuesta en twitter fue más original que la encuesta original. Es grave que una persona de trayectoria renombrada, SNI nivel 2, no tenga la entereza de la objetividad y se haya cegado por tendencias partidistas.

Estoy seguro de que Ackerman no es una persona mal intencionada, pero la forma en cómo lleva su discurso, tan similar a la plétora de insultos de los seguidores más recalcitrantes de Morena, hacen que cualquier persona con pensamiento crítico guarde sus reservas y evite simpatizar con López Obrador. Solo Óscar González Yañez y el PT se enamoran con amenazas y descalificaciones, nadie más va a apoyar el discurso polarizador y beligerante de “si no es con nosotros, eres traidor”.

El académico podría aportar tanto al debate y al pensamiento crítico de este país si no siguiera los pasos de López Obrador de descalificar automáticamente todo criticismo hacia él, si abandonase la bandera maniquea de “soy de los buenos”. En cambio, se dedica a demostrar en muchísimos tweets que, en lo tocante a un debate argumentado, es más tripas que cerebro. La rabia incoherente de sus contraargumentos en Twitter lo coloca peligrosamente cerca de otros nefastos y radicales personajes como Layda Sansores y Gerardo Fernández Noroña.

Es demencial la forma en como defiende al estado venezolano, incluso en sus horas más oscuras, mientras la apabullante verdad cae sobre nosotros. CNN, el medio en el cual también trabaja, lo ha contradicho una y otra vez: Venezuela es un estado fallido. Y no se trata, para nada de competir por cuál país está más y menos “jodido”; por supuesto que México tiene problemas gravísimos, un estado de derecho deteriorado y corrupto hasta la médula, vivir en este país es un peligro para millones de nosotros. Pero desviar la atención y pretender que el modelo político de Venezuela es idóneo como medio de cambio para los mexicanos es perverso. Hay más de 190 países en el planeta tierra, y de ellos, una cantidad considerable para poner en práctica sus políticas con distintos grados de éxito y siempre en aras del cambio y progreso. Ackerman, y por añadidura Morena, enarbolan el cambio, sólo hay que tomar en cuenta que en la retórica la palabra está sustituyendo “progreso”.

Es grave que esos ataques se reproduzcan entre sus seguidores, que sientan tener la autoridad moral para convertirse en verdugos sociales y atacar a bocajarro a cualquiera que no piense como ellos. La pluralidad de ideas nos complementa, y la descalificación y el mote de “paleros” sólo hace pensar que, con lo recalcitrante y furioso de su retórica, él y el partido al que apoya quieren quitar una dictadura para poner democráticamente otra en su lugar.

De ninguna manera un grado académico va a dar, per se, un buen argumento. Hay idiotas con doctorado emérito y genios sin primaria concluída.

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