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Cogito Ergo Sum

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Evelyn Beatriz Hernández Cruz, una joven salvadoreña, fue violada a los 18 años por un pandillero. Repetidas veces.

DOBLE FILO

Cogito Ergo Sum


Por: Héctor Castañeda







Encarcelada por ser violada y abortar involuntariamente


Evelyn Beatriz Hernández Cruz, una joven salvadoreña, fue violada a los 18 años por un pandillero. Repetidas veces. Tristemente, ella no es la única, en un país dominado por la Mara Salvatrucha.

Y a pesar de ser algo usual, por supuesto que la joven no tendría la confianza de contarle a nadie. ¿Quién le creería? A lo sumo ¿Quién no la culparía por ello?
Y encima de todo ¿Qué más podría pasar cuando, semanas después de las agresiones, se daría cuenta que estaba embarazada? Ella terminó, sin desear absolutamente nada de ello, ni el antes ni el después, esperando un hijo de un violador, tirada a su suerte y con una inmensurable vergüenza y dolor. Una bendición de Dios que se debe tener a toda costa, estoy seguro que dirían los pro-vida.

De cualquier modo, el niño no llegó a nacer. Evelyn se encontraba en el tercer trimestre de su embarazo en abril de 2016, cuando comenzó a experimentar unos fuertes dolores en el estómago. Tuvo un parto en su misma casa en Cojutepeque, un pueblo al este de la capital salvadoreña, en el baño.
El lector se imaginará la gravedad del asunto cuando la madre de la joven la encontró en shock, ensangrentada y tirada en el piso del baño. Inmediatamente la llevaron al hospital. Ahí fue donde se supo que Evelyn había tenido un aborto espontáneo, y, como nos dicta lógica, involuntario.

El problema es que abortar es delito en El Salvador.
En el caso de los embarazos avanzados, el crimen por el que se acusa a estas mujeres es aún mayor. A partir de las 22 semanas de gestación la tipificación del delito cambia y las mujeres que sufren un aborto son acusadas de homicidio agravado por vínculo, justo como es el caso de la joven al estar en un estado muy avanzado de gestación.

Evelyn, pues, lleva presa desde el 6 de abril de 2016. Apenas el pasado 5 de julio recibió su sentencia. La joven de ahora 19 años pasará 30 años en prisión por homicidio.

El caso específico de la legislación anti abortista de El Salvador es uno donde impera el retrogradismo. Antes de 1998, año en que entró en vigor la ley que ahora persigue activamente el aborto, se permitía la interrupción del embarazo en el caso de las 3 causales tradicionales -es decir, peligro para la vida de la mujer, inviabilidad fetal de carácter letal, y embarazo por violación. Evidentemente, Evelyn cumplía con al menos dos de esas causales-, además de que las penas carcelarias eran menores.

Por supuesto, esta legislación draconiana no afecta a nadie más que justamente a quienes menos recursos tienen, pues se persigue a las que acuden a los hospitales públicos con señales o con sospechas de haber cometido un aborto. Y a esos hospitales acuden justamente mujeres con escasos recursos, mujeres que no se pueden permitir el lujo de un seguro privado que ponga en menos riesgo su existencia.

Este es El Salvador: un país donde cualquier persona con una navaja puede violarte, y donde terminas en la cárcel por haber abortado, aún sin quererlo.
Y como este caso hay miles en el mundo: La estigmatización social y el escarnio público se suman a la tortura de saberse víctima de violación. Todas esas personas que casi obligan a jóvenes a tener a su hijo, sin importar los riesgos, la dificultad de garantizarle una vida digna, o antecedentes como el ultraje a su cuerpo, justamente son esas personas que jamás estuvieron ahí para evitar que mujeres como Evelyn sean violadas.

Ninguno de nosotros lo estuvo. Nadie sabe el dolor que aún hoy se apodera de estas personas, ¿quiénes somos para juzgar?
El abogado de Evelyn, Denis Muñoz, buscará apelar el fallo y hacer que esta joven salvadoreña recupere la libertad que le fue quitada simplemente por ser mujer en un país como ese. Solo queda esperar, y exigir justicia no sólo para Evelyn, sino para todas las mujeres encarceladas injustamente.

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