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Beatriz Mojica: Con Peña Nieto colapsó el sistema de readaptación social

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La secretaria general del PRD, Beatriz Mojica, expresó que esta violencia se debe a que el sistema nacional de readaptación social “ha colapsado” durante la administración de Enrique Peña Nieto.

 


Beatriz Mojica: Con Peña Nieto colapsó el sistema de readaptación social



CALIFICACIÓN: CUASI VERDAD

EL DATO:
Después del enfrentamiento la semana pasada entre reos en el penal guerrerense de Las Cruces, en Acapulco y que dejó un saldo oficial de 28 muertos, la secretaria general del PRD, Beatriz Mojica, expresó que esta violencia se debe a que el sistema nacional de readaptación social “ha colapsado” durante la administración de Enrique Peña Nieto.

ANÁLISIS:
Es difícil dilucidar a qué se refería la secretaria general con que ha colapsado el sistema carcelario, pero se puede determinar que se refiere, en líneas generales, al aumento en los enfrentamientos dentro de los penales.
No obstante, esta situación de constante violencia en las cárceles mexicanas, así como su incapacidad para reintegrar a los presos a la sociedad tiene un origen más añejo. Para evitar una extensión innecesaria, y también para evitar las justificaciones filosóficas de autores como Miche Foucault, este Fact Checking se enfocará exclusivamente al caso mexicano.

El sistema carcelario en México tiene ya varios siglos de historia. Si bien antes de la llegada de los españoles no existían las cárceles como actualmente se conocen, hay registro de que los delincuentes eran retenidos en dos lugares, dependiendo de la falta cometida: el quauhcalco, “lugar de los enjaulados”, y el teulpiyolan. En el segundo recinto se “recluía” a los que cometían faltas menores, y en el quauhcalco es donde iban a parar aquellos que estaban condenados a muerte.

Las penas iban desde confiscación, destierro, esclavitud, hasta la muerte. De esta manera, el quauhcalco y el teulpiyolan no eran tanto centros de adaptación social, sino recintos donde se “oficializaba” la sentencia. Durante el virreinato este régimen penitenciario indígena sería sustituido por el sistema español basado en leyes como la de las Siete Partidas, y las Leyes de las Indias y la Novísima Recopilación, esta última sería la que duró menos, pues se editó en 1806, 15 años antes de la consumación de la Independencia de México.

De estas leyes destacan las que indicaban que cada preso debía pagar el derecho de carcelaje, que los espacios de encierro deberían estar divididos para hombres y mujeres, y que se debía disponer de un sistema de limosnas para la alimentación de los reos, pues el gobierno no se hacía cargo de ellos.
La Ciudad de México, que desde ese periodo se conocía como la “Ciudad de los palacios”, también era particularmente prolífica en cuanto a prisiones se refería. El Tribunal de la Acordada contaba con una prisión, el Tribunal del Santo Oficio también contaba con celdas. Incluso en los propios edificios administrativos que funcionaban como sede de los poderes temporales había pequeños reclusorios, como era el caso del palacio virreinal y las casas consistoriales.

La alimentación en los reclusorios novohispanos variaba de acuerdo con las actividades que los presos tenían que realizar. Por ejemplo, a los reos de la Cárcel de la Ciudad se les proporcionaba una ración un poco más abundante, ya que tenían que trabajar para cumplir su sentencia. Esta ración, consistía en atole y un pambazo, de desayuno; una libra de vaca y dos pambazos, de comida, y frijoles con tortillas, para la cena. Algo similar se puede apreciar en las cárceles actuales, con la diferencia de que su alimentación es algo más raquítica aunque igual de insalubre, sobre todo con el “platillo” conocido como “rancho”, que no es otra cosa que caldo de frijol sin dicha leguminosa.

La sociedad novohispana era testigo de las penas que se imponían a los reos merecedores de pena de muerte. Manuel Rivera Cambas dice que “á las once del día (los criminales) eran sacados de la cárcel con los cómplices sentenciados á presenciar la ejecución; precedíanlos y seguíanlos guardia á pié y á caballo, oficiales de justicia y muchas personas que llevaban faroles con velas encendidas como en las procesiones; los criminales iban montados sobre asnos y revestidos con trajes de lana blanca, llevaban en la cabeza bonetes de la misma tela, todo cubierto con cruces rojas; adherida á la montura se levantaba una barra de fierro á la cual iban atados por el cuello y en las piernas llevaban gruesas cadenas de fierro. Gran número de clérigos ó religiosos de diferentes órdenes los acompañaban recitando plegarias y máximas religiosas, que los reos repetían con voz muy débil según era la situación del espíritu, pues apénas podían sostenerse sobre los animales que los conducían”.



Esta participación, aunque lejana, de la sociedad en el sistema penal desaparecería después del movimiento de independencia, principalmente por la enorme inestabilidad política que prevalecería hasta la segunda mitad del siglo XIX.
Para mediados del siglo, todas las cárceles de la República ya estaban divididas en departamentos para incomunicados, detenidos y sentenciados. Incluso para esta fecha seguía en funcionamiento la cárcel de la Acordada, donde empezaría el hacinamiento y la mezcla de reos que continúa hoy en día. En una visita, la marquesa Calderón de la Barca escribió que "allí se apiñaban en informe mezcolanza centenares de presos, sin que se les tomen en cuenta la naturaleza particular de sus delitos; el salteador de medianoche con el ratero que hurta pañuelos; el famoso bandido con el reo político; el deudor con el monedero falso...". Una descripción que mucho se asemeja a los centros de “readaptación social” de hoy.

Prisiones que ya habían sido construidas en la Nueva España, como la fortaleza de San Juan de Ulúa o la cárcel de Belem, sede de un antiguo colegio novohispano, marcarían el régimen penitenciario ejercido durante los primeros años del porfiriato.
El Palacio Negro de Lecumberri había sido construido para aliviar el hacinamiento que la cárcel de Belem tenía.Sin embargo, en medio de las condiciones precarias y aún con las mayores medidas de seguridad, fueron comunes las fugas y los motines.

Por supuesto que había fugas, y crimen organizado, solo que en ese entonces no era el narcotráfico. Los bandoleros eran la forma más organizada de delincuencia, y la clase de criminales que más se fugaba. Son célebres las de Jesús Arriaga, mejor conocido como Chucho el Roto, así como las del delincuente español Higinio Granda y otros reos que más tarde integraron la mítica Banda del Automóvil Gris.

De hecho, Pancho Villa se había escapado de Lecumberri vestido de mujer. Por lo que las fugas no son nada nuevo. Aunque poco a poco se fue transformando el concepto de cárcel, las condiciones de vida en estos lugares de encierro eran muy parecidas a las de hoy. Sigue existiendo corrupción, hacinamiento y motines.
Sergio García Ramírez comenta que “En años recientes se han construido más prisiones, como respuesta a un incremento notable de la criminalidad y al envejecimiento de los reclusorios existentes, muchos de ellos asentados en antiguas e inadecuadas construcciones. Destacan los Centros Federales de Readaptación Social (Ceferesos). Estos constituyen las primeras instituciones de seguridad máxima con que cuenta el país, independientemente de los viejos reclusorios-fortaleza y de las secciones de seguridad máxima en las prisiones comunes. Atienden a la existencia de reos que difícilmente podrían quedar alojados en los reclusorios ordinarios”.

Con ello, se puede determinar que, en realidad, todas las cárceles de México son una especie de “bomba de tiempo”, donde las condiciones en el interior hacen propicios hechos lamentables como en el penal de Topo Chico en Monterrey, Nuevo León, los días 10 y 11 de febrero de 2016, donde una riña ocasionó la muerte de 49 internos.

Desde 2008, con la reforma en esta materia, el principal objetivo de la prisión es “lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir”, como se observa en la Constitución en los artículos 18 al 22. Para lograr este objetivo se busca trabajar en distintos ejes, como son: el respeto a los derechos humanos, el trabajo y la capacitación, educación, salud y deporte.

Cabe mencionar que este enfoque ha cambiado con el tiempo y también obedece a los cambios sociales internacionales en esta materia. Por ejemplo, desde 1917 y hasta 1965 se utilizaba el término "regeneración" como objetivo del sistema penitenciario, y desde 1965 hasta 2008 se planteaba como tal la "readaptación social del delincuente".

Establecido que los motines han estado presentes desde muchos años atrás, cabría también resaltar que durante el sexenio de Felipe Calderón 569 internos han sido asesinados en cárceles de México. La mayoría pertenecía a bandas del crimen organizado y su muerte ocurrió durante riñas, mientras eran procesados o purgaban sentencia. Eso, además de que hubo 2 mil 436 hechos violentos en las cárceles durante el sexenio.

En el Centro de Readaptación Social Número Uno, de Durango, se registraron 23 muertos luego de una pelea entre internos ocurrida el 20 de enero de 2010. Entre los asesinados había sujetos procesados por secuestro.
El 14 de junio de 2010 murieron 29 presuntos miembros de los vicarios que ingresaron al Centro de Ejecuciones de las Consecuencias Jurídicas del Delito, en Mazatlán, Sinaloa, a manos de miembros del cártel del Pacífico. A la mayoría la balearon y sólo 11 de ellos murieron por heridas de arma blanca.
El 25 de julio de 2011 una riña en el penal de Ciudad Juárez, Chihuahua, impresionó por la saña con que asesinaron a algunos internos. Integrantes de la pandilla “Los Aztecas” y miembros del grupo de sicarios de La Línea se enfrentaron a integrantes de la banda Artistas Asesinos, quienes trabajan para la organización de Joaquín “El Chapo” Guzmán. El saldo fue de 17 reos muertos, la mayoría por las heridas provocadas por tubos y palos.

Los penales de Nuevo León también son fiel reflejo de la violencia que se vive en las calles del área metropolitana de Monterrey. El 31 de diciembre de 2010 un comando irrumpió en el penal del Topo Chico para llevarse a Gabriela Elizabeth Muñiz Tamez, “La Pelirroja”, acusada de secuestro. Días después apareció colgada de un puente en una avenida principal de Monterrey.

En 2011 por lo menos 65 reos murieron dentro de los tres penales de Nuevo León. La disputa entre miembros de los sicarios se replicó dentro de las prisiones, sobre todo en el penal de Apodaca, donde en dos ocasiones (durante 2011) ocurrieron asesinatos colectivos.
Entre los reos muertos destaca Gabriel Ayala Moreno, el zar de la piratería, quien suministraba productos apócrifos y cobraba protección a comerciantes informales de Coahuila, Nuevo León, Veracruz y Durango.
También fue asesinado en Nuevo León Ramón Gumaro Garza de la Garza, uno de los viejos narcotraficantes locales, quien fuera testigo en el caso que se siguió contra Mario Villanueva Madrid, ex gobernador de Quintana Roo, por nexos con la delincuencia organizada.

Al iniciar 2012 otro asesinato colectivo se presentó en la prisión de Altamira, Tamaulipas, donde 31 internos murieron luego de una riña similar. Este año la guerra entre estas dos bandas continúa, como se evidenció con la matanza ocurrida en el penal de Apodaca este domingo 19 de febrero, con saldo de 44 muertos.

Además, durante el sexenio de Calderón se registraron 1,000 fugas de penales.
Ahora bien, en cuanto a números fríos, organizaciones no gubernamentales revelaron que en los últimos 10 años creció mil 300 por ciento la inseguridad dentro de los centros penitenciarios, derivados de riñas, homicidios, suicidios, motines y fugas.
Documenta, Análisis y Acción para la Justicia Social y el Observatorio Nacional Ciudadano también indicaron que en la Ciudad de México cada mes aproximadamente ocurre un asesinato en las zonas de máxima seguridad de sus prisiones.

De hecho, entre 2012 y 2013, los motines, las agresiones, los homicidios y las huelgas de hambre tuvieron el aumento más significativo de los últimos ocho años, con un crecimiento de 134%. El pico más alto que se ha registrado entre el último año del gobierno de Vicente Fox, 2006, y 2013, el año de arranque de la administración priísta.

Fuentes:
Animal Político. Aumenta 134% violencia en las cárceles en el primer año de Peña Nieto.
http://www.animalpolitico.com/2014/05/aumentan-137-conflictos-en-las-carceles-en-el-primer-ano-de-epn/ Consultado el 12 de julio de 2017.
El Universal. Cárceles en México. Historia negra de 5 siglos.
http://archivo.eluniversal.com.mx/notas/832609.html Consultado el 12 de julio de 2017.
El Universal. Fugas han sido en penales locales: Calderón.
http://archivo.eluniversal.com.mx/notas/874111.html Consultado el 12 de julio de 2017.
García Ramírez, Sergio. El sistema Penitenciario, siglos XIX y XX.
https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/3589/4324#N20 Consultado el 12 de julio de 2017.
Hipertextual. Panorama a la grave situación carcelaria en México.
https://hipertextual.com/2016/02/situacion-carcelaria-en-mexico Consultado el 12 de julio de 2017.
Proceso. Con Peña Nieto colapsó el sistema de readaptación social, acusa el PRD.
http://www.proceso.com.mx/494464/pena-nieto-colapso-sistema-readaptacion-social-acusa-prd Consultado el 11 de julio de 2017.
Rivera Cambas, Manuel, México pintoresco, artístico y monumental, México, Valle de México, 1974, t. I, p. 249.
Vanguardia. Violencia en penales creció 1,300% en diez años: ONG
http://www.vanguardia.com.mx/articulo/violencia-en-penales-crecio-1300-en-diez-anos-ong Consultado el 12 de julio de 2017.
Zócalo. Aumento de pleitos en sexenio de calderón
http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/aumento-de-pleitos-en-sexenio-de-calderon Consultado el 12 de julio de 2017.

CONCLUISIONES:
El sistema penitenciario lleva mucho tiempo “colapsado”, en tanto las autoridades han demostrado tibieza o incluso complicidad con los criminales ahí retenidos. Es por ello que el sistema pudo haber “colapsado” con cualquier otro gobierno, no necesariamente el de Peña Nieto, al tratarse de un problema latente y que por cuestión de tiempo iba a explotar tarde o temprano. Además, Beatriz Mojica no asegura expresamente que sea culpa del presidente, aunque deja entrever que tiene gran parte de la culpa al no diseñar estrategias eficaces de reinserción social.

CALIFICACIÓN:
Por lo anterior, lo dicho por la secretaria general del PRD es CUASI VERDAD. Si bien es cierto que se ha agudizado la problemática carcelaria durante la administración de Peña Nieto, también es cierto que muchos conflictos tienen un antecedente histórico que se omite en el discurso y que, de analizarse, pueden ayudar a comprender por qué el problema de las cárceles es tan grande.

 

Por: Héctor Castañeda


12 de Julio 2017
 

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