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Cogito Ergo Sum

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Duarte está vinculado a proceso, pero aún si estuviese condenado a pasar el resto de su existencia tras las rejas, el problema no termina.

DOBLE FILO

Cogito Ergo Sum


Por: Héctor Castañeda







Pobrecito Duarte

En la semana nos enteramos de una grave desgracia, un atentado deliberado contra los derechos humanos, un caso de abuso e injusticia.

No, no me refiero al atentado terrorista en Barcelona, que cobró la vida de 13 personas. Tampoco me refiero al atentado en Turku, Finlandia.

Me refiero a que al pobrecito Javier Duarte lo maltratan y quiere morirse de hambre.

Este buen hombre, que dejó en estado de banca rota a Veracruz, que desvió dinero por medio de empresas fantasma, con cuentas en Suiza, acusado de perseguir a periodistas e incluso de mandarlos matar como fue el caso de Rubén Espinoza de Cuartoscuro, de actos de corrupción e impunidad como la supuesta protección que brindó a los Porkys; acusado de vincular sus policías en desapariciones forzadas, por tratar a niños con cáncer con químicos falsificados que sirvieron sólo como placebo; el gobernador que pidió licencia “para defenderse de las calumnias” y al día siguiente escapó a Guatemala; este hombre clama ayuda porque hay una “cacería de brujas contra él” -por cierto, de todas estas atrocidades, sólo está acusado de desvío de recursos públicos-.

El angelito envió una carta a Grupo Imagen en la que empieza así: “Derivado de las injusticias y abusos que se están cometiendo por las autoridades del estado de Veracruz y en solidaridad con mis ex colaboradores que se encuentran detenidos arbitrariamente en aquella entidad federativa es que he tomado la determinación de iniciar el día de hoy con una huelga de hambre”.

La pregunta obvia ante todo esto es ¿Realmente piensa que engaña a alguien victimizándose? Me costaría encontrar a una sola persona en el país que realmente creyera en la inocencia de este exgobernador priísta. Ni siquiera su abogado.

Su chantaje no engaña a nadie, y esto no pasaría de ser una broma si no fuese por un detalle: Su esposa, Karime Macías, sigue libre, dándose “la gran vida” en Europa, presumiblemente Inglaterra, y la cantidad exorbitante de dinero que robó Duarte sigue sin ser regresada al pueblo veracruzano con cabalidad.

Que haga su huelga de hambre, que muera de inanición, que sufra en el proceso. Pero nada de ello entrará en la categoría de justicia hasta que todos sus colaboradores caigan y ese dinero sea regresado.

Claro que estoy consciente de que estoy pidiendo algo imposible, en un país donde tanto la corrupción como su prima hermana, la impunidad, infectan como virus cada aspecto de la vida pública del país.

Duarte está vinculado a proceso (por ahora), pero aún si estuviese condenado a pasar el resto de su existencia tras las rejas, el problema no termina. Debemos estar conscientes de ello.

Seguir el proceso penal de Duarte, sí, pero también denunciar cualquier acto de corrupción, grande o pequeño, proveniente de nuestros servidores públicos. Del partido que sean, porque sí, todos los partidos (Morena incluido) tienen casos de corrupción y enriquecimiento ilícito.

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