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Cogito Ergo Sum

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Quizá, al final del día, no es un partido exitoso, sino ruidoso ad nauseam. De ahí que la gente se confunda.

DOBLE FILO

Cogito Ergo Sum


Por: Héctor Castañeda







Morena y el cisma

Pareciera que no podemos descansar más de una semana sin que algún partido político quede en boca de todos por unos instantes, recurrentemente el PRI y Morena.

Me llama de cierta manera la atención que este último partido sea considerado el más exitoso desde el Partido Nacional Antirreeleccionista de Madero. Esta comparación, basada en números, como la cantidad de votos amasados por el partido de López Obrador en el Estado de México, no debería ser en absoluto halagadora, si se tomara en cuenta la historia del país.

Pero probablemente eso se vería más exhaustivamente en otra ocasión. Lo que nos atañe esta vez es la polémica generada por la designación del candidato morenista para Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. La designación se supone había sido mediante encuestas, realizadas los días 19 y 20 de agosto. Se entrevistaron a 1,311 personas mayores de edad. El tipo de muestreo fue aleatorio y proporcional a la lista nominal en 110 secciones electorales con entrevistas domiciliarias.

En estas encuestas, los contendientes eran Martí Batres, Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum y Mario Delgado. La popularidad de los candidatos estaba justo en el orden en que aparecen escritos, es decir, Batres era el más conocido, y Delgado el menos reconocible.

Con ello, muchos candidatos consideraban que ello alcanzaría para ganar el favor en las encuestas. Sin embargo, justo los dos candidatos más populares, Batres y Monreal, eran los que tenían peor percepción. Y cómo no iba a ser así.

Por ello, se decidió que Claudia Sheinbaum fuese la candidata. Y de ahí todo vino abajo.

El mismo Monreal, en un video, aseguró que se mantenía en “pie de lucha” y que no se conformaría con puestos menores (por citar un ejemplo, la senaduría que se le prometió a Delfina Gómez mientras ella seguía engañando a sus seguidores, y el reciente nombramiento como coordinadora de organización del Estado de México para el proceso electoral del 2018), poniendo un discurso tácito de que no aceptaría los resultados que le dieron triunfo interno a Sheinbaum. En términos simples y coloquiales, Monreal le aplicó un AMLO a AMLO.

Oh, cruel destino; oh, la ironía.

En aquel video, Monreal acusó a Morena de traicionar sus propios principios (no mentir, no robar, no traicionar al pueblo), lo que ocasionó que a López Obrador le lloviesen críticas de opacidad. Por supuesto, el hecho de que Morena haya sido uno de los partidos en Jalisco que intentó impugnar la iniciativa Sin Voto No Hay Dinero, impulsada por el independiente Pedro Kumamoto, no ayudó.

Todo ello ocasionó que días después difundieran las mecánicas y resultados de la encuesta. La lógica nos dice que, siendo el partido que más grita a los cuatro vientos que no es “como los demás”, sea raro que tenga ese hermetismo en los resultados de una consulta popular. Por supuesto, ello dio pie a que se pensara que Sheinbaum había sido impuesta por “dedazo” de López Obrador.

Cuando se reveló la metodología, nos dimos cuenta que la teoría del dedazo, si bien no es del todo exacta, tampoco es descabellada.

Las preferencias quedaron así: Sheinbaum tuvo 15.9%, Batres 10.1%, Monreal 9.7% y Delgado 4.2%. El gran ganador de esta encuesta fue “Nadie”, con 22.9%. Es decir ni sus propias encuestas gana Morena.

Como nota al margen, pese a que la encuesta era para la CDMX, la última pregunta era ¿Quién quieres que sea presidente de México? No le pierden.

Ridículamente, ahora pareciera que Monreal es harina de otro costal. Los militantes de Morena que antaño defendían efervescentemente a Monreal como a cualquier otro político del partido, ahora se han vuelto conta él. Se ha hecho un cisma.

A tres años de la creación del partido, se empiezan a hacer obvios problemas internos en el partido. Justo como estaba fragmentado el PRD hace apenas unos cuantos meses, justo como está fragmentado el PAN ahora. Y ni a quién irle en esta telenovela color guinda.

Hoy, Morena tuvo su primera división grave, que pone de manifiesto errores de novato en el partido. Lo dramático aquí es que se dé en un partido tan joven. Y todo ello como resultado de la arrogancia de AMLO. La arrogancia del de Macuspana hizo que Zepeda le diera la espalda con un discurso maravilloso, pero populista. Y ahora, esa misma arrogancia y egocentrismo hace que su elemento más volátil e igual de egocéntrico que él divida al partido, mientras los simpatizantes ya no saben cómo argumentar que Morena no es igual que los demás. Monreal es una persona que no se puede controlar, que no ha hecho lo que debía hacer cuando fue delegado de la Cuauhtémoc.

Quizá, al final del día, no es un partido exitoso, sino ruidoso ad nauseam. De ahí que la gente se confunda.

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