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Comunidades aisladas de Ocuilan claman por ayuda, les urge reconstrucción

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En las comunidades de Ahuatenco, San Juan Atzingo y Tlatempa, la población lucha por ponerse de pie
CRÓNICA

Comunidades aisladas de Ocuilan claman por ayuda, les urge reconstrucción



22 de septiembre de 2017

Texto: Ma. Teresa Montaño

Fotos: Marco A. Castro


Ocuilan, Méx.- En las comunidades de Ahuatenco, San Juan Atzingo y Tlatempa de este municipio rural, ubicado a un paso de Cuernavaca, Morelos, la población lucha por ponerse de pie; aquí no hay enormes edificios, ni avenidas y en algunos casos ni banquetas, solo árboles, montañas y naturaleza, pero igual la devastación es la misma que en CDMX.

En Joquicingo, ubicado también acá en el sureste mexiquense, el panorama es similar, incluso mucho peor. El sismo de 7.1 grados, que aquí se sintió como un terremoto de gran potencia, barrió con casas, patios, parroquias y escuelas completas; en algunos puntos hay tal destrucción, que pareciera como si bombas lanzadas desde quien sabe dónde hubieran explotado en medio del campo y arrasado todo con sus ondas expansivas.

Ambos municipios, Ocuilan y Joquicingo, se encontraban en la primera línea de fuego de ese terremoto que sacudió el centro del país la tarde del miércoles.

La devastación en Joquicingo sale al paso por todos lados, en esa demarcación hay más de 300 casas destruidas, la parroquia desecha, lo mismo que las escuelas más concurridas; mientras que en Ocuilan se han contabilizado 768 viviendas dañadas, de las cuales 300 presentan pérdida total, además de 16 iglesias y 120 escuelas.

En medio de las calles, algunas enclavadas en medio del campo, los montones de escombros impiden el paso de la gente, los animales o los vehículos. La mayoría de las casas eran muy modestas, algunas de tejas, otras de láminas y muchas de adobe, igual se hicieron polvo. Muchas estructuras de dos pisos colapsaron en sus bases, por lo que perdieron altura y los pisos que antes eran superiores se mantienen a ras de suelo casi por milagro, tambaleantes y a punto del derrumbe. Es por ello que la zona no solo está siniestrada representa un auténtico peligro en muchos puntos, como auténtica zona minada.

La ayuda en ambas demarcaciones fue llegando de a poco, mucho más en Joquicingo donde la presencia de elementos del Ejército Mexicano ha traído esperanza a los pobladores, hoy más organizados gracias también a la presencia de docenas y docenas de voluntarios que han llegado procedentes de escuelas y facultades de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), su similar nacional (UNAM) y vecinos de Morelos y Toluca.

Pero la cosa es distinta acá en las comunidades de Ocuilan, los vecinos se enteraron que ayer el nuevo gobernador –como le dicen- visitó el municipio pero solo la cabecera municipal. “Ojala y hubiera venido hasta acá para que vea como estamos”, señaló una mujer de unos 35 años, que junto con sus hijos, padres, suegros y otros vecinos, ha improvisado un tejaval con palos, plásticos y telas, donde pasan la noche compartiendo un café de olla, pan de recolecta y la luz de una fogata; luego por la mañana se trasladan a sus domicilios derruidos para continuar el retiro de escombros y la recuperación de lo que puedan.

Y ahí sobre banquetas, en los patios traseros, debajo de los árboles o en pleno solar, lucen polvosos docenas de trastos chuecos, juguetes deformes, montones de ropa sucia de tanta tierra revuelta que la sepultó en dos minutos; bolsas de mujer con asas rotas de tanto jalón para desenterralas; zapatillas azules sin tacones; zapatos de charol sin brillo; sábanas, cobijas, colchones, camas sillas... la vida cotidiana expulsada a la intemperie de un tiro.

Don Juan, pero el Don Juan de Atzingo no el de Tlatelpan, descansa bajo el tejaval después de pelearse solitario más de 10 horas corridas con las montañas de piedras, vigas y revoltura de escombros que bordean su comunidad. Su compadre y los hijos de este, le ayudan a ratos, pero solo a ratos, porque luego se van a la casa de doña Conchita que quedo hecha una tristeza. Asegura que no lamentan tanto la ausencia de Del Mazo, lo que lamentan es que la ayuda no llegue acá como en Joquicingo, están solos en su desamparo.

Dice que lo que les urge es iniciar las labores de reconstrucción, pero aquí si les falta de todo, desde fuerza bruta para acelerar los trabajos de limpieza, hasta maquinaria, cemento, mucho, arena, también, madera y herramientas. Ahuatenco, San Juan Atzingo y Tlatempa, quieren ponerse en pie, pero no hay cómo.


















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