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Cogito Ergo Sum

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¿El último feminicidio del año?

DOBLE FILO

Cogito Ergo Sum


Por: Héctor Castañeda






El último feminicidio del año

Hace unos días, una mujer fue estrangulada hasta la muerte en Villas Santín, a cinco cuadras de donde yo vivo. Hasta ahora me enteré de ello. Presentaba golpes y aparentemente fue asfixiada, mientras que su hijo fue encontrado vivo, pero lesionado. Al parecer había defendido al niño de ser maltratado y por ello fue golpeada y asfixiada hasta la muerte. Supuestamente -y aquí entran los rumores, por lo que tomen sus debidas dimensiones con esto- su pareja y asesino había sido un maestro de Tae Kwon Do de la colonia.

Ya sé lo mucho que estoy arruinando el espíritu festivo con esta, la última columna Cogito Ergo Sum del año, pero consideré que es necesario no callar ante esto.

Personalmente, siento una impotencia tremenda con este hecho en particular. A menudo, y también por este medio, nos enteramos de un asesinato de mujeres tras otro, pero usualmente con la diferencia de que se llevan a cabo en sitios alejados de donde vivimos. El 23 de diciembre me tocó que ocurriera uno a unas cuantas cuadras de mí. Lo juro, de haber sabido, de haber tenido consciencia de lo que estaba pasando en ese momento, hubiese hecho algo. Ni siquiera porque fue tan, tan cerca de mí pude evitar nada. No pude cambiar nada, simple y sencillamente por desconocimiento de la acción.

No es un tema que vaya a terminarse pronto, tristemente. El año pasado una doctora había sido asesinada por su pareja también en Villas Santín. Probablemente, esta mujer fue la última del año, pero definitivamente no será la última. No mientras se siga teniendo la mentalidad barbárica y retrógrada de “la mate porque es mía” o “la maté porque no se dejó coger” o “la maté porque sacó de mis casillas”.

Me parece estúpido tener que decir esto como información nueva, pero ahí va: nada justifica un asesinato a una persona inocente. Una mujer no te pertenece, no le pertenece a nadie más que a ella misma.

Una mujer no te elije a ti pensando que serás su héroe para que termines convertido en su verdugo.

Como ya lo dije, no va a terminar, no importa cuánta Policía de Género se ponga a disposición con patrullas moradas listas para posar ante la foto. Terminará de manera cultural, inculcándole a las generaciones futuras esta dolorosa obviedad: está mal matar a una mujer sólo por ser mujer, y que como mujeres no son objeto de nadie y es su deber darse a respetar tanto como el de los hombres respetarlas.

No podemos confiarle esta cultura a nadie más que a nosotros mismos. Evidentemente ni el reggaetón ni la televisión van a darle ese respeto a la mujer más que nosotros como sociedad.

Pese a lo mucho que deseo no volver a ver estas situaciones, sé que se repetirán el año que viene. Mientras tanto, cuídense.

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