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Tribunal de Adicciones, logra reconstruir 64 vidas con éxito

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El modelo mexiquense de “Justicia Terapéutica” ha sido aplicado con éxito en más de 60 personas exconsumidoras, ahora será exportado a otras entidades del país
PERIODISMO DE PAZ

Tribunal de Adicciones, logra reconstruir 64 vidas con éxito




Cuando fueron llevados ante el juez por delinquir para conseguir más droga, se enfrentaron a la mayor disyuntiva de sus días, pues debían decidir entre ir a juicio con altas probabilidades de enfrentar una sentencia en prisión, o rehabilitarse de forma definitiva en un año, directo, sin concesiones, bajo supervisión estricta y continua, en pocas palabras, dar la batalla por su vida. Optaron por el camino difícil.




Transcurrido el año, con algunas angustiosas recaídas, el impacto una y otra vez de la abstinencia en sus cuerpos, con el terror una y otra vez de no poder, no ser capaces, de querer correr, sentir desfallecer y, al final, con una fortaleza interior que ni ellos se conocían, este viernes en una sencilla ceremonia, Jorge Alfredo Reyes de 33 años; Saúl Cruz Norberto de 22 y Manuel Hernández Ochoa de 50, comparecieron por última vez frente a la Jueza del Tribunal de Adicciones, quien les decretó el sobreseimiento absoluto de su caso -borrando todo registro de sus nombres en los archivos delincuenciales- y otorgándoles, por derecho propio, un nuevo inicio.

Se trata de un novedoso procedimiento de “Justicia Terapéutica” que se instauró en el Estado de México desde el 2014, cuando se puso en marcha el Tribunal para el Tratamiento de Adicciones (TTA), inspirado en un modelo que opera en Miami, Estados Unidos, y que permite a primodelincuentes en delitos menores, una alternativa de recuperación, que no solo los reinserta a la vida productiva, familiar y social, sino que termina por transformarlos en mejores personas.

¿Pero es posible que las Ciencias Jurídicas y las Ciencias Médicas se combinen a un punto tal, que logren detener la decadencia de un ser humano cuando se topa con las drogas?, ¿Es viable que propongan nuevas fórmulas y salidas prácticas, antes del hundimiento absoluto?.

Todo indica que sí, que es posible y no solo que ambos universos confluyan y se combinen en exitosas formas nuevas de restauración, sino que involucren e inviten otras disciplinas para completar un diálogo perfecto y esperanzador...

Actualmente, de acuerdo a cifras del Instituto Mexiquense Contra las Adicciones, el consumo de enervantes y alcohol se ha incrementado en 12% en promedio en todo el territorio, con una mayor incidencia en menores que van de los 12 a los 16 años de edad, en tanto que los Centros de Integración Juvenil (CIJ), reportan un aumento incluso entre niños desde los 8 años de edad.

Ambos organismos ofrecen terapias bajo distintos enfoques, deambulatorias y bajo supervisión de psicólogos y médicos, sin embargo solo en los casos en que los pacientes han perdido el control por completo y dejan de ser funcionales, se les envía a hospitales donde básicamente son estabilizados, pero no "curados", pues salir de las drogas es un "asuntos personal", que "pone en jaque toda tu vida, pero sobre todo tu voluntad y garra", advierte Flor Hernández, una adicta en recuperación -con 12 años de abstinencia-, quien para mantenerse "limpia", asiste de manera regular a juntas semanales de la Asociación de Familias Alanon de AA, en su división de "Grupos de Hijos Adultos de Familiares Alcohólicos", en el Valle de Toluca.

Flor, sostiene que la lucha para recuperarse de una adicción o varias simultáneas o combinadas, es un proceso de múltiples caminos y una batalla larga que debe librarse en diferentes dimensiones y frentes, pues no se trata solo de un problema de psicología, de salud o jurídico, aunque parte siempre de un piso emocional, un fondo que derrumba a las personas en toda su integridad y desde el cual el adicto debe impulsarse, desde sus escombros, para iniciar de "menos cero", el camino a la recuperación. Justo "cuando lo haz perdido todo, puedes jugártela por todo", señala.

Y Flor sabe de lo que habla, en el camino de su largo consumo de inhalables y drogas duras, perdió pareja, patrimonio y un hijo de cuatro años de edad -hoy de 17 años-, por el quien sigue dando una batalla personal todos los días. Su recuperación en los Grupos Alanon de Hijos Adultos AA, es personal en un programa que tomaron de los "Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos", y que coloca en el centro de la terapia, un crecimiento espiritual y la adopción de herramientas inspiradas por adictos recuperados, junto con actividades que le llaman "de servicio", las cuales los alientan a reconstuir sus vínculos rotos y a darle un nuevo propósito a sus vidas.

Por eso, en estos contextos terapéuticos, de alternativas y caídas, la irrupción de los tribunales de adicciones, resulta una novedad para grupos vulnerables y de alto riesgo social -jóvenes de escasos recursos principalmente- que caen en las cárceles tras un primer acto delictivo, en una de las entidades donde los consumos de todas las sustancias adictivas se están disparando cotidianamente. Parece ser que el TTA, busca meter "freno de mano" a debutantes en las estadísticas delicuenciales, pues estimaciones de la Secretaria de Seguridad, revelan que alrededor del 30% de los crímenes se cometen bajo el influjo de alguna sustancia adictiva o el alcohol.

EL TTA, CUARDA DE VIDA

José Alfredo Cedillo González, es el juez del Poder Judicial del Estado de México, que ha sido comisionado para implementar y operar este programa de “justicia terapéutica”, denominado Tribunal de Tratamiento de Adicciones (TTA), en el que participan de manera colegiada y en pequeñas unidades distribuidas en los 18 distritos judiciales, representantes del Poder Judicial, con jueces y juezas expertos en adicciones, un perfil totalmente nuevo aquí, ya que además de ser profesionistas de alto perfil en las ciencias jurídicas, fueron entrenados también en esta área de la medicina. Lo mismo que los defensores de oficio especializados, que atienden estos casos.

En las cortes del TTA, también se integran representantes de la Secretaria de Salud del gobierno mexiquense, en torno a cuyas valoraciones y dictámenes técnicos de sus especialistas en adicciones, aglutinados en pequeñas unidades conocidas como CAPAS (Centros de Asistencia Primaria a las Adicciones), giran las disciplinas jurídicas, además de representantes de la Secretaria de la de Justicia y Derechos Humanos, que le agregan un elemento de "vigilancia normativa" al proyecto.

Cada caso que llega similar al de Jorge, Saúl o Manuel, debe ser analizado de manera colegiada por médicos expertos en adicciones, criminólogos, psicólogos y trabajadores sociales, de los CAPA, dependientes del Instituto Mexiquense Contra las Adicciones (IMCA), para dictaminar si reúnen los requisitos “legales, sanitarios, criminológicos y socio-sanitarios” para acceder al programa de recuperación.

Si los candidatos son aceptados, se decreta a su favor una “suspensión condicional” por un año del proceso penal que se les instaura cuando son detenidos, casi siempre en flagrancia y justo después -siempre-, de cometer su primer acto delictivo. Esta "suspensión", es un plazo de doce meses en los cuales los beneficiarios deberán rehabilitarse sin prórrogas de ningún tipo, es un paréntesis que abre la ley, a manera de un compás de espera antes de que el brazo de la justicia los alcance y les aplique el código penal vigente, con todo su peso, por los delitos que cometieron estando en pleno "vuelo".

En el plano legal algunos de los requisitos básicos son: ser primodelincuentes -es decir que nunca antes hayan delinquido-, con querellas o delitos no graves, sin alto contenido patrimonial ni violencia y con la posibilidad legal de una reparación del daño, para lo cual deberán ofrecer la firma de “acuerdos reparatorios” para saldar el daño a las víctimas, si las hubo, en "planes de pago" de un año máximo; mientras que en el plano médico pueden calificar al TTA si se comprueba "abuso" o "dependencia" a sustancias psicoadictivas y que ello ha degenerado en conductas de riesgo o trastornos psicológicos.

Según el IMCA, el "abuso" a sustancias psico-adictivas implica que la persona consume drogas y que cuando lo hace o cada que lo hace, presenta problemáticas a nivel personal, familiar, laboral o comunitario; mientras que la "dependencia", se refiere a aquellas personas que "requieren" del consumo de esas sustancias -cocaína, marihuana, psicotrópicos, piedra, alcohol, etcétera- de manera continua, para "funcionar".

En el ámbito de la criminalística, los aspirantes al programa del TTA deben ser primodelincuentes con "riesgo social bajo", no se aceptan personas con riesgos sociales "medio" o "alto" y en el terreno del Trabajo Social, aún deben contar con redes familiares y comunitarias de apoyo. El "riesgo social bajo", indica que las posibilidades de incidir en conductas criminales es mínimo y que su permanencia en una terapia tiene mayores posibilidades.

Una vez aceptados, los candidatos deben comparecer cara a cara frente al Tribunal de Adicciones y ser confrontados por los expertos en cada disciplina. También se les imponen responsabilidades o incluso prohibiciones, que deben cumplir al pie de la letra, como no visitar ciertos lugares o a ciertas personas, debido al riesgo de recaídas; además de adoptar las herramientas que se les diseñan y que casi siempre involucran nuevas actividades recreativas, deportivas, de estudio o familiares.

El TTA existe en otras entidades con algunas variantes, pero el modelo mexiquense está teniendo éxito, tanto que jueces de Quintana Roo, están de visita en Edomex este fin de año, para conocer “in situ” la experiencia y adaptarla en su entidad. Hasta el momento, el programa ha evaluado a 360 personas, aceptó a 195 -rechazó al resto- y de los 195, 64 se han graduado.

Sin embargo el éxito del programa no está en los números, sino en las vidas recuperadas, advierte Cedillo González, el juez de larga carrera judicial, que después de juzgar a cientos de delincuentes, muchos con graves problemas de adicciones o alcoholismo, tuvo la visión para adaptar e ir perfeccionando en el camino, con un nutrido grupo de funcionarios judiciales, el diseño "a medida" de estos tribunales que recuerdan mucho, en su funcionamiento, a las series televisivas provenientes de Estados Unidos, donde los jóvenes adictos son arrastrados ante un juez familiar o enviados a prisiones de adultos, para vivir en periodos cortos una experiencia anticipada del único futuro que podrían tener si no paran: la cárcel... o el cementerio o el psiquiátrico, como reza un famoso dicho de los AA.

EL TRIBUNAL

Manuel Hernández de 50 años de edad, es un albañil que consumió drogas por más de 20 años y también tuvo problemas de alcoholismo, en el camino se quedó solo y confinado a una vivienda de la comunidad de Cerro Gordo, separado de su esposa y sus hijos; tras ser detenido y evaluado por un equipo multidisciplinario de expertos que integran el programa (psicólogos, trabajadores sociales, Ministerios Públicos especializados y la juez, también experta), determinaron que presentaba trastornos mentales derivados del consumo. Las opciones prácticamente se le habían acabado.

Algo parecido le ocurrió a Saúl Cruz, el más joven, quien quedo enganchado al consumo de marihuana una tarde cualquiera apenas con 14 años. Un día mientras transitaba por la calle, fue detenido por policías para una revisión de rutina, le encontraron “un churro” y fue acusado por posesión. Directo al MP, tres días en la prisión preventiva del ayuntamiento de Valle de Bravo, donde lo que más recuerda y le dejó un sello indeleble en la memoria, es el intenso frío que lo asedió en esas terribles galeras que jamás pensó pisar, pero que también le consumía el corazón. Luego vendría el drama familiar, nadie en su casa lo sabía y ya tenía 21 años.

José Alfredo Reyes, de 33 años, también tuvo una vida de consumo de alta carrera, desde los 16 años. Pensó que la droga era invencible, que se llevaría su adicción a la tumba o ésta a él, pues las promesas personales de dejarla, se rompían al día siguiente, ya ni se daba cuenta a qué horas. Una riña callejera, paradójicamente le salvaría la vida, a él y a sus dos pequeños hijos, su mayor motor para lanzarse a la recuperación, así, directo, de un día para otro, con todo el dolor físico y emocional que ello implicaba. Un reto descomunal, pero decidió verlo de frente y verse.

Los tres, a lo largo de un año, han comparecido mes tras mes ante el Tribunal del Tratamiento de Adicciones. Cada 30 días y en algunos casos cada quince -cuando hubo recaídas-, se presentaron ante la jueza de adicciones de Valle de Bravo -cuyo nombre no se da a conocer por motivos de seguridad- y ante el resto de profesionistas que integran el cuerpo interdisciplinario de este juzgado para ser evaluados y "revisar su caso".

En este tipo de diligencias, además del Ministerio Público experto en adicciones, una nueva variante de agentes ministeriales que además de ser abogados, conocen todas las particularidades de esta rama de la medicina, comparecen la trabajadora social, el psicólogo y el médico adscritos a cada caso.

La mecánica de las audiencias de este tipo de "justicia terapéutica" o también conocida como "justicia alternativa", guarda el mismo protocolo de una audiencia judicial del nuevo sistema penal acusatorio en México. La diligencia es abierta al público y todo se desahoga oralmente.

Los jueces del TTA entran a las modernas salas del Poder Judicial del Estado de México, perfectamente uniformados, con sus elegantes togas negras y largas, para deshogar cada asunto. Después de que el secretario presenta al compareciente y al cuerpo colegiado del propio juzgado adscrito al caso, los expertos presentan, cada uno, un informe al juez de la evolución médica, psicológica y social del adicto en remisión. Los jueces, de vez en vez, cuestionan al paciente sobre sus avances, problemas y cumplimiento de tareas y estrategias que le fueron impuestas para su recuperación. También puede ordenar algunos cambios, escucha a todas las partes y puede proponer acuerdos.

Se trata de jueces que manejan magistralmente los términos médicos, psicológicos y jurídicos en todos los niveles posibles de cada disciplina, pueden sorprender incluso con teorías de última generación y armar ahí mismo, un entramado teórico y práctico en torno a un caso, con el único fin de impulsar, mejorar y acelerar la rehabilitación de una persona en continuo riesgo...

EL MODELO

El Tribunal para el Tratamiento de Adicciones del Estado de México, surgió inspirado en una las cinco "Cortes de Drogas" que existen en Estados Unidos, las cuales, en todos los casos, ponen en el centro la rehabilitación de los inculpados de delitos, cuando estos llegan ya a los tribunales, enfrentando algún cargo.

Uno de los modelos, el de Miami, propone una suspensión del juicio sin que el inculpado acepte su culpabilidad del cargo que se les imputa. Simplemente el juicio se suspende y el indiciado se incorpora al tratamiento, como lo hace el TTA mexiquense, justamente, pues no exige ninguna declaración de culpa.

En otro modelo estadounidense, sí se pide la declaración de culpabilidad para poder acceder a un programa de rehabilitación e incluso se exige al inculpado que se acepten las imputaciones, tal y como lo declaran las víctima, el ofendido o la policía, de modo tal que pueda garantizarse el Estado, la emisión de una sentencia de culpabilidad, en caso de que el indiciado se evada del programa de rehabilitación.Esto da garantías anticipadas para su reaprehensión posterior, ante altas probabilidades de reincidencia delictiva.

En otro modelo, solo se puede acceder a un programa de rehabilitación si existe ya una sentencia de por medio, independientemente del sentido de ésta; y, en un cuarto modelo, se exige que ya exista una sentencia y una pena, incluso, del candidato al programa, pero en este caso lo que se suspende no es el proceso o el juicio (como ocurre de manera parecida con el TTA), sino que se suspende la sentencia o la pena, para entrar al proceso rehabilitatorio.

El quinto modelo de este tipo de justicia terapéutica, que inspiró en parte al TTA, tiene que ver cuando ya se dictó una pena y ésta puede ser sustituida por el programa de justicia terapéutica.

En el Estado de México el modelo adoptado, es una combinación del primero y el quinto que se aplica en las Cortes de Drogas de Estados Unidos, ya que, como en el caso de Jorge, Saúl y Manuel, se puede acceder al programa de rehabilitación, suspendiendo el proceso en su fase inicial de investigación; pero también se tiene la variante para aquellos que ya han sido sentenciados por delitos patrimoniales, sin violencia pero con problemas de adicción, en este caso, los "jueces de ejecución penal", pueden ofrecer la sustitución de la pena, por un programa de rehabilitación bajo la supervisión del TTA.

DEL FILO AL CIELO

Y ahí están. Es su última comparecencia ante el TTA.

La "jueza de control" especializada en adicciones, entra a la sala con su traje negro, perfectamente peinada y maquillada. Da un fuerte martillazo que marca el inicio de la audiencia. Es eléctrico. La sala esta medio vacía, desde muy temprano llegaron los familiares de los tres ciudadanos que comparecen. El silencio contiene una emoción que flota en la lujosa sala de acabados de maderas finas y circuitos cerrados.

Frente a ella están sentados los ahora aspirantes a "graduarse" del programa tras un año de comparecencias y fuerte trabajo personal. También están los expertos de cada área que atendieron y dieron seguimiento a estos tres casos, todos de personas que viven en comunidades modestas, algunas rurales, muy cerca del paradisiaco municipio de Valle de Bravo, donde la alta movilidad de turistas extranjeros, nacionales y de la Ciudad de México, ha potenciado el flujo de las drogas en la zona.

La jueza los nombra uno a uno y en cada caso pide a los profesionistas del CAPA emitir sus evaluaciones finales.Todos dan opiniones a favor y resumen los avances en pocas palabras. Hablan de cambios notables en todos. Se decreta la extinción de la acción punitiva en todos los casos. Están libres de las drogas y de los cargos. La juez ordena también, borrar todo vestigio de sus nombres y perfiles, de los archivos judiciales. Es como si jamás hubieran pisado ese lugar.

Antes, a la hora de comparecer en su último día dentro del TTA, Saúl, el más jóven, dice frente a la Corte que sigue acudiendo a la escuela, que ya esta adaptado y que le resulta sorprendente todo lo que se estaba perdiendo, que la escuela es divertida y que nunca había asistido porque de hecho tenía otra idea "rara" del estudio, que tiene nuevos amigos, que en este año perdió a sus viejos conocidos, pero busco otros vínculos, que la psicóloga del CAPA, lo ayudo mucho para granjearse nuevas amistades sanas. También da gracias a sus padres que le resultaron vitales, se le escurre una vocecilla temblorosa cuando los menciona.

Manuel, luce lozano a pesar de sus 51 años, dice que vive solo, que ya tiene otros empleos, que su hermana lo ayuda en cuestiones domésticas, que pronto podría volver a ver a sus hijos con quienes ya se comunica vía telefónica ya que viven en Estados Unidos, son migrantes... está jovial, luce radiante para su edad y se le ve feliz, también. Agradece. Detrás de él, entre el público, pequeños sollozos, por aquí y por allá, irrumpen muy quedito en la sala.

Jorge Alfredo, experto en regatas, a quien el consumo persistente de una droga muy común, le oscureció no solo el color de la piel sino de la vida completa, rompe en llanto. Sabe que libro su mejor y más cruenta competencia. La gano.

Atrás, en las tribunas, están sus pequeños hijos.





María Teresa Montaño Delgado
 

Por: Tere Montaño


 

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