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Jhosselin, saltar el cerco de la violencia política

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La protagonista del 1er caso documentado en México de Violencia Política, recuerda los días oscuros

 

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Jhosselin, saltar el cerco de la violencia política



El nombre de Yuritzi Jhosselín López Oropeza, tendrá un lugar en la historia de las luchas feministas del Estado de México por la igualdad, la equidad pero sobre todo por haber confrontado con determinación y no sin miedo, la discriminación y el acoso laboral a la que fue sometida por sus compañeros de cabildo durante los tres años que duró en el cargo.




Su caso es emblemático, ya que se trata del primero a nivel nacional de lo que hoy se define como "violencia política", una forma de acoso y violencia de género que prevalece en muchos de los espacios públicos de poder en el país y particularmente el Estado de México, el que a su vez registra los más altos índices de violencia de género a nivel nacional, así como de feminicidios.

Esta forma de violencia combina de manera avasallante y velada, corrupción política y misoginia e incluso muchas prácticas que en lo que general escapan al ojo público, buscan aplastar a las mujeres que ejercen derechos políticos obtenidos por la vía electoral.

El caso de Yuritzi Jhosselín, consistió en una prueba de resistencia moral y ética a tres pistas, lo cual le demando entereza absoluta y una valentía que al paso la fue determinando, no solo como servidora pública, también como mujer y ahora como activista.

Este jueves la ex síndica recibió de manera unánime del Congreso Local, un gesto de solidaridad política para que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) y su titular, investiguen sin cortapisas a quienes la sometieron a este tipo de violencia de manera sistemática y orquestada durante los tres años que duró en el cargo. No tuvo respiro.

De acatar el exhorto legislativo, el hoy exalcalde priísta de Jaltenco Armando Ramírez, su secretario y tesorero, tendrán que ser llevados a la justicia, junto con los regidores de prácticamente todos los partidos políticos, que, de acuerdo a esta entrevista, secundaron las acciones de violencia política contra ella.

¿Pero cómo vivió la ex síndico esta experiencia traumática, cómo es que se convirtió en el punto central de una campaña orquestada de acoso intensivo?

El detonante fue haber protestado, en su papel de síndica de cabildo, en contra de la contratación de un crédito por más de 36 millones de pesos, para un municipio sumido en la miseria y los rezagos, y para un fin que a la joven política no le quedaba claro. No había transparencia.

Cómo síndico, recuerda, mi obligación era "observar la Hacienda Pública del municipio y lo hice. Observe el préstamo ante la Contraloría y el OSFEM, pero a él no le gustó".

-Él me decía, cállate, no pasa nada, no opines, no digas-, recuerda Jhosselín al salir del Congreso, tras la sesión en la que se emitió el exhorto.

Después de haber observado el turbio crédito contratado por el alcalde, devino el acoso en distintas y crueles formas, asegura que se convirtió en el centro de una auténtica persecución de sus demás compañeros de cabildo, quienes continuamente la criticaban, señalaban o convertían en el chiste del día. También recibió amenazas directas y cada día laboral, se convirtió, poco a poco y durante tres años, en un martirio.

La "violencia política" ejercida contra la síndica de Jaltenco, trascendió incluso los muros del palacio municipal y alcanzó a sus seres queridos y allegados, hasta transformarse en amenazas directas o veladas, contra su madre, sus hermanos, esposo y su pequeño hijo que en ese momento rondaba los cinco añitos.

Las consecuencias de la brutal persecución y continuo asedio en el que participaron incluso las regidoras mujeres y directivas, tuvieron diversas dimensiones en la vida de la joven pedagoga, pues en el fondo, la violencia política, al igual que el acoso laboral y el acoso moral, todo en paquete, lo que busca es aplastar moralmente a las víctimas, desaparecerlas, aplastarlas. Y por poco lo logran.

Jhosselín recuerda hoy, a horas de que se celebre el Día Internacional de la Mujer y ya libre de la responsabilidad del cargo, aquellas jornadas de trabajo, como las peores de su vida. Despertar y empoderarse le llevó un proceso largo, tuvo que pasar del miedo y la tristeza de la víctima, a romper el cerco y sacar la garra en un tiempo record.

Lo primero fue informarse, no entrar en pánico y tomarse algo de tiempo para armar la estrategia. Luego, poco a poco y con ayuda de su red de amigas "soridarias" lanzarse al ruedo, pero armada... decidió dar la batalla.

Las primeras puertas, incluso dentro de su propio partido al más alto nivel -la dirigente máxima del tricolor en ese momento- le dieron en las narices. También las autoridades. Habría que subir el nivel al mismo ritmo y tono que subían las amenazas y agresiones, también lo hizo. Ya no tocaba puertas, acaso tenía que patearlas.

Acudió a tribunales, a oficinas por docenas, nadie sabía nada de sobre cómo atender de lo que se quejaba... era algo tan raro. Al paso fueron también surgiendo propuestas nacionales e internacionales que iban abordando la violencia política de género, casi al tiempo que ella daba su propia batalla. Todo cuadro al final.

Pero las repercusiones en su psiquis y en su dimensión emocional aún no se van. Todavía sufre ataques de pánico, sobresaltos y miedo. En ocasiones psicósis, porque ella y su familia siguen bajo amenaza del perpetradores, toda vez que las denuncias que presentó en diversos momentos no han sido atendidas por la FGJEM

La pregunta ahora es si el Estado continuará siendo cómplice en este caso.


 

Por: Tere Montaño


 

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